Cuando hormigas comevacas mudaron una ciudad

DSC_5512.JPGEn 1514 hubo una plaga de hormigas, de tales dimensiones, que obligaron a los habitantes de la Villa San Salvador, (fundada un año antes en las cercanías del río Yara, como lo demuestran las Cartas de Relaciones de Don Diego Velázquez y Cuellar.)

a abandonar el poblado y mudarse río arriba. Según la leyenda, el crecimiento descontrolado de las hormigas (supongo que no fueran tambochas) se debió a que en 1494 el Almirante de la Mar Oceana, en su segundo viaje, introdujo por Cabo Cruz las primeras reses en Cuba. Para el ganado (donde se incluyeron además algunas parejas de cerdos) el fértil valle del Cauto, le resultó el mismísimo paraíso (Alimento, agua y cero enemigos naturales, a ello hay que sumarle la inexistencia de inviernos) El crecimiento de la masa ganadera fue increíble y a la vuelta de algunos años, la cifra de cerdos y vacas excedían por mucho los miles.  Esta situación fue muy bien aprovechada por filibusteros y rufianes que se dedicaban a la captura y sacrificio del ganado tanto para comercializar las colambres como para proveerse de carnes.

La abundancia de ganado era tal que al capturarse una res solo se utilizaba de ella el cuero, algún que otro pernil y los filetes, por supuesto, el resto se abandonaba en el mismo lugar del sacrificio.  Ya se imaginaran uds., para esa fecha no existían en Cuba aves de rapiña, ni otros animales carroñeros (quizás algún que otro perro mudo de los indios, que se daría el atracón del año, pero por ser mudo no le podía avisar a otros perros) así que la carne quedaba en el campo por mucho tiempo y fueron precisamente las hormigas las que comenzaron a introducir en su dieta la jugosa carne de res, un bistecito por la mañana y otro por la tarde.  ¡Y con tanta carne gratis quien no se arriesga a tener muchos hijos! El crecimiento de estos laboriosos insectos fue descomunal, los hormigueros pululaban por donde quiera, las hormigas no solo crecieron en número sino también en tamaño (a no dudar, de milagro no terminaron todas gotosas) y sobre todo, se tornaron bien feroces, adictas a la carne (estudios científicos serios sostienen que el consumo de carne genera una fuerte adicción).

Todo marchaba bien mientras le dejaran su generosa ración de carnes a las hormigas, pero con la fundación de la villa de San Salvador las vacas comenzaron a comprender que la causa fundamental de muerte provenía del villorrio y decidieron alejarse, refugiándose en zonas más intrincadas en la pre cordillera de la Sierra Maestra. Comenzó a escasear  la carne en las proximidades de la villa y las hormigas desesperadas iniciaron primero nocturnas incursiones al poblado y cargaron con cuanto encontraron, pero esto solo les alborotó el apetito. Al día siguiente miles, que digo miles, millones de hormigas hambrientas asolaron el poblado y viejito que estuviese durmiendo la siesta, o niños dejados a la sombra de un guayabo resultaron plato de entrante para las voraces hormigas, tal como si fuese un film de Indiana Jones.

Esto al inicio, no preocupó mucho a las autoridades locales (todos españoles) ya que la cifra de devorados solo la engrosaban indios (a los conquistadores españoles aun lo les había dado tiempo envejecer ni de reproducirse) pero cuando las hormigas le comenzaron a meter mano (o mejor dicho pata) a cuanto ser vivo se encontraban en su indetenible paso, sin importarles mucho el estado de sueño o vigilia en que estuviesen y ni el fuego ni el agua pudo controlar los continuos ataques de tan insistente ejército, las autoridades decidieron rendir armas y abandonar la villa a su suerte.

Tomaron sus embarcaciones y navegaron río arriba

DSC01402.JPGhasta llegar al cacicazgo de Bayamo, donde encontraron refugio, alimentos, y unas indias guapísimas con muy pocas tapaderas,

pero sobre todo unas hormigas mansas, corredoras y locas, más dadas a atacar a las guayabas que a la carne humana.

Razón suficiente para que plantaran bandera y dejaran finalmente establecida la villa de San Salvador (el mismo nombre para no tener que cambiarlo todo en el papeleo del Rey) de Bayamo (especificando que era en Bayamo para ubicar bien a la gente no fuera que se mandaran para la antigua villa y terminaran como postre en un hormiguero)

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Y usted, amigo bayamés, esté pendiente de las hormigas, y al primer signo raro, dé la alarma no sea que a las hormigas contemporáneas se les ocurra recomenzar a comer vacas y luego quitarnos nuestra amada ciudad.

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Cocina Bayamesa, para saborear la historia

DSC_4730.JPGSábado en la noche, en pleno paseo bayamés, los aromas de cerdo asado en púa desafían el apetito del más indiferente de los paseantes. Casi dos siglos atrás, ese aroma resultaba una verdadera provocación Continue reading “Cocina Bayamesa, para saborear la historia”

El Camagüey, entre la iglesia y el tinajón

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Una de las ciudades más absorbente y cautivadora lo es Camagüey, casi todos la aman, y digo casi, porque sé de algunos que la detestan; la mayoría son gente del mismo oficio: Chóferes de ómnibus de la ruta Santiago-Habana: Nagüe, ¡que larga es esta provincia, nunca se acaba, me funde!. Es la expresión de muchos de ellos, y es que, ciertamente, Camagüey es también la provincia más extensa de Cuba, pero mi excursión es a la ciudad, y esta tiene tantos encantos, tantas leyendas, pintores, bailarinas, restaurantes… tantos tinajones y tantas iglesias, que ni me detengo a pensarlo. Y allá voy ¿vienes? Continue reading “El Camagüey, entre la iglesia y el tinajón”